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Flacidez facial: cuando la piel se cae
Secretos para combatirla.

En las cabinas de estética damos una lucha constante contra el envejecimiento prematuro, que se manifiesta en fotodaño, líneas de expresión e hipotonía en el rostro. De las causas y formas de tratar esta última hablaremos en este artículo.


La flacidez facial aparece con el paso del tiempo ya que, a medida que se va envejeciendo, la piel va perdiendo elasticidad y colágeno, y los músculos, sus nutrientes. Eso altera el aspecto y la tonicidad de la piel, aumentando su superficie global, al tiempo que la grasa subcutánea se desplaza hasta depositarse en la línea mandibular y el submentón. Sin embargo, en el tercio superior y medio del rostro se produce una esqueletización por disminución de la grasa, que es mayor en el área periorbitaria. Este fenómeno comienza a observarse a partir de los 30 años: surgen líneas, pliegues, surcos o arrugas causados, entre otros factores, por la pérdida de tono muscular.

Las líneas faciales se clasifican en tres tipos. Las estáticas u ortoestáticas aparecen cuando la piel se torna flácida, pierde su sostén habitual y cae por la acción de la gravedad junto con los pliegues dinámicos. Las líneas dinámicas o de expresión, por su parte, son más acusadas junto a las prominencias óseas (órbita, pómulo, mandíbula) y líneas gravitatorias, en los párpados superior e inferior, donde se forman bolsas y depósitos de grasa. A su vez, se consideraba que las líneas gravitatorias se debían a un verdadero envejecimiento de los tejidos (a partir de los 40 años), aunque nuevos estudios aseguran que son muchos los factores que contribuyen a ellas, como disfunciones en el sistema endocrino, dietas para adelgazar sin los nutrientes necesarios y falta de protección solar. La degeneración muscular, la disminución de la capa adiposa (que se desplaza y se acumula en las partes bajas de la cara), la deshidratación profunda y la esclerosis de la dermis también favorecen la formación de líneas gravitatorias.

Qué pasa dentro de la dermis

La dermis es la capa de piel donde todo sucede. En sus fibras, el envejecimiento se manifiesta en la desorganización de los haces de colágeno, que terminan adelgazados, fragmentados, desorientados y con aspecto deshilachado. Así es como las fibras elásticas se degeneran y disminuyen.
En la dermis papilar las fibras son menos numerosas y pierden su verticalidad. En la dermis media tienden a hipertrofiarse y en la profunda se produce una elastosis con aumento de la densidad de la red elástica. El conjunto de estas alteraciones de las fibras ocasiona una pérdida de la turgencia y elasticidad de la dermis, lo que origina un material amorfo a nivel de la dermis papilar denominado material elastósico, que se va acumulando con el paso del tiempo, hasta llegar a ocupar toda la dermis reticular.

Las modificaciones de la dermis en el proceso de envejecimiento no son tan visibles como las manifestadas en la epidermis, pero no por ello dejan de ser menos importantes. Consisten en alteraciones vasculares, linfáticas, de las células, de las fibras, de la sustancia fundamental y de la red nerviosa.
A nivel celular, las fibras dérmicas y los componentes proteicos de la sustancia fundamental con la edad dejan de producir sus secreciones. Disminuye el número de fibroblastos, lo que a su vez reduce la capacidad mitótica y el número de mastocitos, con alteración de sus glucoproteínas estructurales y de sus proteoglicanos constituyentes. La sustancia fundamental se vuelve así menos rica en ácido hialurónico y pierde su permeabilidad, hidratación y fluidez. Y como se altera en gran parte su capacidad para atraer y conservar los líquidos circulantes, descienden los intercambios nutritivos y se produce una deshidratación profunda.
Asimismo, disminuye la vascularización por rarificación de los capilares terminales y, por lo tanto, también lo hace el flujo sanguíneo. Además, con la edad se movilizan menos los tejidos circulantes, que están estrechamente ligados a los capilares linfáticos.

Envejecimiento y flacidez, una pareja indeseable

Los fenómenos relacionados al envejecimiento están interrelacionados. Entre ellos, se destaca el descenso en la proliferación y reparación de los queratinocitos, que provoca el adelgazamiento y la descamación de la epidermis, así como la alteración de su función de barrera.

Es por eso que los tratamientos estéticos complementarios deben enfocarse en mejorar la renovación epidérmica y la protección frente a agentes externos. A su vez, el envejecimiento puede provocar una mayor sensibilización ante dichos agentes, que da como resultado una baja en la respuesta inmunitaria. La mejor medida en este caso es usar cosméticos de limpieza no detergentes, evitar sustancias sensibilizantes y emplear productos hipoalergénicos.

Con la edad, también se reduce la respuesta vascular, lo que exige terapias complementarias orientadas a mejorar el trofismo y la respiración celular. Otro elemento que desciende es la cantidad de secreciones, lo que vuelve casi nula la función protectora de la emulsión hidrolipídica. En esos casos, se busca reparar los lípidos epidérmicos y mejorar la función protectora con cosméticos emolientes.
Como el envejecimiento reduce la capacidad de defenderse de la piel, resulta obvio que hay que protegerse aún más del sol, con filtros y pantallas adecuados, que prevengan la aparición de manchas y la deshidratación.

Tratamientos

Llegamos entonces a la conclusión de que se debe atacar desde tres frentes para prevenir y tratar la flacidez facial: epidermis, dermis y tejido muscular. En cabina, podemos ayudar de manera mecánica a evitar o detener este problema con las técnicas de masoterapia, mesoterapia y radiofrecuencia facial, bioestimulación con Plasma Rico en Plaquetas (PRP), hilos tensores reabsorbibles, lifting quirúrgico y peeling químico.

Entre las técnicas que cooperan con los tratamientos mecánicos, el masaje craneofacial se destaca por mejorar la vascularización deficiente, lo cual aumenta considerablemente el riego sanguíneo. Al aplicar un drenaje linfático manual adecuado, se produce una reacción a la eliminación de toxinas intercelulares, por lo que los líquidos circulantes son nuevamente atraídos hacia ella, y así los procesos de respiración celular se intensifican.
Las sustancias que deben ionizarse son regenerantes, ricas en elastina y colágeno y con todos los principios activos que estimulan la renovación celular y la recuperación de la firmeza.

La alimentación: otra clave

Una alimentación adecuada es fundamental para evitar el desprendimiento muscular y crear mayor refuerzo. Por eso, se recomienda consumir alimentos ricos en colágeno y elastina, lo que ayuda a mantener estas proteínas en el cuerpo y conservar la piel tersa con el paso del tiempo.

Entre los nutrientes que ayudan a mantenernos bellos está el zinc que interviene en la síntesis de colágeno y elastina, de ese modo mantiene las fibras en buen estado además de ser un potente antioxidante.

Las verduras de hojas verdes, por su parte, proporcionan luteína que favorece el aumento de la elastina en la piel y así, su elasticidad. También contienen vitamina C, que colabora con las proteínas para que el cuerpo funcione correctamente. Otra vitamina importante es la A, que aumenta la producción de los niveles de colágeno en la piel. El tomate tiene grandes cantidades de licopeno, por lo que su consumo mejora la textura de la dermis, ya que promueve la producción de colágeno y reduce el daño en el ADN que conduce a las arrugas. La soja contiene una sustancia llamada genisteína, responsable de la síntesis del aumento del colágeno y protector contra el deterioro de la piel, ya que bloquea las enzimas dañinas.


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