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Perder pelo
El impacto psicológico

Ansiedad, angustia y hasta depresión son algunos de los efectos de la pérdida del cabello, una preocupación estética que afecta la autoestima de hombres y de mujeres. Pero con un tratamiento adecuado este proceso puede ser revertido fácilmente. Una obsesión de muchos.

En la actualidad, lograr una apariencia atractiva desvela a muchos hombres y mujeres. En la búsqueda de una mejor imagen, se recurre a una amplia gama de tratamientos y a cremas corporales, faciales y capilares. Y cuando falta poco para el verano y el uso de trajes de baño, los gimnasios se llenan. Dentro de esas preocupaciones estéticas, el cabello ocupa un lugar central, y su pérdida puede terminar impactando negativamente en la autoestima.

De acuerdo a diversos estudios, una autoestima elevada ayuda a ver las cosas de forma más optimista. Por el contrario, quienes tienen autoestima baja encuentran obstáculos más fácilmente y cualquier situación puede afectar su estado anímico. La autoestima es el sentimiento de aceptación y aprecio hacia uno mismo, que va unido al de competencia y valía personal. Este concepto sobre nosotros mismos no se hereda sino que se aprende en el entorno, al valorizarse nuestro comportamiento e interiorizarse la opinión de los demás respecto a nosotros.

En ese sentido, la imagen corporal suele tener un impacto muy significativo sobre la formación y el desarrollo de la autoestima, ya que juega un rol crucial en las relaciones interpersonales. Para muchos, ser aceptados por los demás se transforma en lo más importante y, en ese contexto, cumplir con los estándares de belleza que la sociedad y la cultura imponen pasa a ser una gran preocupación. Si no se cumple con esos estándares, el aspecto físico puede tener una influencia muy negativa sobre la autoestima. Por eso, es fundamental hacer todo lo posible para que en esos casos la persona no se vea afectada.

En ese sentido, la alopecia es una de las preocupaciones estéticas que más daña la autoestima. Una investigación del Departamento de Psicología de la Universidad de Westminster en Londres lo ilustra cabalmente. Los participantes del estudio –todos hombres– describieron a la alopecia como la pérdida de la autoestima y la confianza, y mostraron sentimientos de angustia, enojo, estrés y preocupación que, si no eran atendidos a tiempo, podrían derivar en cuadros de depresión y/o ansiedad.

La alopecia en las mujeres

La pérdida de cabello también afecta a las mujeres, en un pequeño porcentaje entre los 20 y 30 años, y en un 30 por ciento en las que tienen entre 40 y 60 años. El tipo más común de alopecia en las mujeres es la androgenética, producida por efecto de los andrógenos, las hormonas masculinas. La predisposición genética, una variación en los niveles de las hormonas endócrinas y el paso de los años son las principales causas de este problema en las mujeres. Dado el consecuente impacto en su autoestima, cada vez son más las que se realizan procedimientos de restauración capilar.

Esta repercusión psicológica negativa en las mujeres fue destacada en un estudio presentado durante la Reunión Anual del grupo de Tricología de la Asociación Española de Dermatología y Venereología, celebrada en Barcelona el año pasado. La investigación comprobó un cambio de actitud en las mujeres luego de haberse sometido a métodos de integración de cabello. Antes de estos procedimientos, el 83 por ciento de las participantes presentaban un cuadro de ansiedad importante y el 66 por ciento mostraba signos de depresión. Pasados tres meses de la integración de pelo, el 74 por ciento redujo notablemente su angustia y ansiedad, y en todos los casos desaparecieron los signos de depresión.

Estos resultados, además de evidenciar cómo la caída del cabello afecta la estima de las mujeres, prueba que el tratamiento médico baja los niveles de ansiedad y angustia. En esos casos, siempre vale la pena recordar que si algún aspecto físico particular preocupa o disgusta a la persona, es útil ver si se puede hacer algo para cambiarlo, siendo siempre conscientes de que hay determinados rasgos o características físicas que uno se ve obligado a aceptar, como, por ejemplo, la estatura.

La falta de cabello, en cambio, es algo que se puede modificar. Es por eso que si alguien, ya sea hombre o mujer, nota que su pelo no vuelve a crecer, puede consultar a un médico especialista en el cuidado del cabello e injertos capilares. Con el debido asesoramiento profesional, el paciente podrá evaluar cuáles son los pasos a seguir para mejorar su cabellera y, por consiguiente, su autoestima.

Mitos y verdades de la calvicie y el injerto capilar

Existen ciertos mitos que conviene derribar y otras verdades que hay que tener muy en cuenta para lucir una cabellera más atractiva. 

Mito: El pelo se cae.
Realidad: A diferencia de la creencia popular, el cabello no se cae sino que se debilita progresivamente en cada ciclo, hasta convertirse en un fino e imperceptible vello. Si en el ciclo siguiente no nace, se está frente a un problema de calvicie. Un individuo normal tiene alrededor de 100.000/125.000 fibras de pelo terminal, cada unidad folicular consta de 1,2 a tres fibras de cabello y la caída normal es de un promedio de 100 fibras al día durante la fase telógena, la fase de caída del pelo, que dura de 90 a 100 días.

Mito: Si mis familiares directos son calvos, yo también lo seré.
Realidad: Si bien en la mayoría de los casos la alopecia es trasmitida de padres a hijos, los antecedentes hereditarios pueden marcar una tendencia pero no tienen significancia estadística. Existen en la actualidad tests genéticos que permiten saber con una certeza de cerca del 80 por ciento la probabilidad de padecer una calvicie androgenética.

Mito: El debilitamiento progresivo del cabello no se puede combatir.
Realidad: En la actualidad, existen tratamientos efectivos para combatir la calvicie, que muestran resultados en un período de 3 a 6 meses. Funcionan en la mayoría de las personas y su eficacia ha sido demostrada en numerosos ensayos médicos. Los tratamientos más efectivos -y que cuentan con la aprobación de la Food and Drug Administration de EE.UU.- son el tratamiento tópico (loción en cuero cabelludo) con minoxidil y el tratamiento sistémico médico con finasteride (comprimidos por vía oral).

Mito: Lavar el cabello todos los días o tener caspa favorecen la caída.
Realidad: El lavado sólo ayuda a soltar los cabellos que ya están en fase de caída y que van a caer de cualquier forma. Por su parte, la dermatitis seborreica, popularmente conocida como caspa, podría estar asociada en algunos casos con alopecia androgenética pero de ningún modo provoca la pérdida del pelo.

Mito: Ingerir determinados alimentos fortalece el cabello y evita su caída.
Realidad: El pelo, al igual que la piel y las uñas, se halla en constante renovación y su metabolismo y regeneración son sensibles a los déficits nutricionales. No obstante, las causas de su pérdida por déficit nutricionales son menores al 1 por ciento, y nadie ha demostrado de manera fehaciente la efectividad de ciertos alimentos ni su tiempo de respuesta para combatir el debilitamiento del cabello. Sin embargo, no cabe duda de que una correcta alimentación nos permite estar más fuertes y saludables y nos ayuda a sentirnos mejor. El pelo refleja lo que nos sucede por dentro, por lo que si bien no existen pruebas acerca de cuáles son los alimentos que mejoran el cabello, siempre es recomendable llevar una dieta saludable.

Mito: Los masajes capilares son la solución más rápida, económica e indolora para recuperar el cabello, permiten combatir la falta de irrigación en el cuero cabelludo, causa de la caída.
Realidad: Los masajes capilares no son la solución para la calvicie, ya que esta no se produce por falta de irrigación sino por factores hormonales y hereditarios, no modificables por masajes o estimulación localizada. Por lo tanto, se trata de un tratamiento sin efectividad demostrada científicamente, tal como sucede con la terapia láser, la electrotricogénesis y los shampúes. 

Mito: Cualquier persona puede hacerse un injerto capilar.
Realidad: No es cierto que el injerto capilar sea recomendable para cualquier individuo. Existen determinadas variables que deben tenerse en cuenta al momento de tomar esta decisión, que estará a cargo de un cirujano, ya que se trata de la última fase de un tratamiento médico. Estas variables son:

La edad: los pacientes jóvenes (de 18 a 25 años) no son buenos candidatos, porque la pérdida capilar ha empezado hace poco y seguirá progresando en el futuro. Dado que en esos casos el cirujano nunca puede saber exactamente cuánta cantidad de pelo perderá el paciente en los años siguientes, hacer un trasplante demasiado pronto puede llevar a una mala distribución del cabello.

Género: la distribución de la calvicie en hombres y mujeres es diferente. En ellos, las áreas alopécicas son más localizadas que en ellas, en las cuales la distribución es más difusa en toda la cabeza. La mayoría de los hombres son buenos candidatos, excepto aquellos con pelo fino difuso, mientras que la mayoría de las mujeres no lo son, salvo en los casos con pérdida en áreas bien localizadas.

Extensión de la pérdida capilar: a mayor estabilización de la pérdida capilar, mejor resultado, ya que el cirujano estará seguro de colocar pelo en las áreas correctas.

Tipo de pelo: un cabello grueso y con gran cantidad de melanina dará una mayor densidad y lucirá mejor después de un trasplante. El pelo enrulado también dará mayor apariencia de densidad que uno liso.

Mito: Los implantes son dolorosos y, en cuanto a la técnica, son todos iguales.
Realidad: Existen diversas técnicas para llevar a cabo un injerto capilar, cada una con un posoperatorio particular. Sin embargo, el malestar del paciente y su grado de recuperación dependen asimismo de cada individuo. Hay dos tipos básicos de trasplantes capilares. Uno que parte de una extracción de una tira de piel con pelo de la parte posterior de la cabeza, que luego es diseccionada (bajo visión microscópica) para obtener unidades foliculares que serán trasplantadas a las zonas calvas. Esa técnica tiene un posoperatorio doloroso y puede dejar cicatriz, debido a que en la extracción se seccionan piel, nervios y vasos sanguíneos. El otro tipo de trasplante, más reciente, es el método FUE (Follicular Unit Extraction), que extrae directamente la unidad folicular de la zona donante para luego insertarla en la zona despoblada. Este es el más conveniente para el paciente porque no deja marca alguna ni produce un posoperatorio doloroso, ya que, al no extraerse una tira de piel, no se aplican puntos de sutura ni se usa el bisturí en ningún momento.

Mito: El implante siempre quedará visible y con cicatrices.
Realidad: Cuando la intervención es realizada por un equipo quirúrgico experto y siguiendo la técnica de trasplante FUE, el implante da un resultado completamente natural, con un buen aprovechamiento de la zona donante y un buen resultado cosmético. Gracias al avance de la medicina y de la técnica, los implantes que se ven antinaturales por su forma, densidad capilar o aplicación (el denominado tipo “muñeca”) quedaron definitivamente en el pasado.

Si desea contactar al profesional, para realizar consultas y profundizar sobre lo expuesto en la nota, envíenos su correo a: info@conceptoestetico.com.ar

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