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Detrás de las placas de psoriasis
Descripción y tratamiento de una enfermedad poco conocida.

En esta nota, no solo repasamos los efectos y los síntomas de la psoriasis, sino también los de los trastornos o enfermedades más comunes vinculados al mismo, es decir, las comorbilidades.


La psoriasis (Ps) es una enfermedad inflamatoria, crónica y sistémica, no contagiosa, de naturaleza inmunológica, predisposición genética y desencadenantes multifactoriales (traumas físicos y/o químicos, infecciones, medicamentos, estrés, etcétera). Afecta la piel, las mucosas, las semimucosas y los anexos (las uñas y el cuero cabelludo), y además puede comprometer las articulaciones. Entre el 2 y el 3 por ciento de la población caucásica la padece, sin importar la edad o el sexo. En el 30 por ciento de los casos, existen antecedentes familiares, y el gen más frecuentemente implicado es el PSORS-1 situado en el cromosoma 6p21.

Típicamente, se observan lesiones rojas, sobreelevadas y cubiertas de escamas blanquecinas. Las mismas pueden generar síntomas como picazón, dolor o un sangrado leve, y pueden presentarse  en cualquier parte del tegumento, aunque principalmente se encuentran en los codos, las rodillas, la región sacara y el cuero cabelludo. Según su tamaño, su localización, su extensión y su morfología, las lesiones definen los distintos patrones clínicos. La forma “en placas” es la más frecuente, ya que se reconoce en un 80 por ciento de los casos. Para el diagnóstico, los criterios más relevantes son las características clínicas y la ubicación de las lesiones. El tratamiento, que puede ser local o sistémico, dependerá de las características individuales del paciente y de su enfermedad.           Anteriormente, la psoriasis era considerada una enfermedad de origen desconocido y limitada a la piel, pero en los últimos años, al ampliarse nuestro conocimiento sobre su inmunopatogenia y su base genética, además de su asociación con otras enfermedades con mecanismos fisiopatológicos similares, la psoriasis se ha posicionado como una enfermedad inflamatoria de carácter sistémico. Por este motivo, los dermatólogos que tratan casos de psoriasis, especialmente cuando son severos, necesitan encararla como una enfermedad multisistémica potencial. Las comorbilidades vinculadas a la psoriasis comparten patrones de inflamación crónica. A continuación, se desarrollan algunas de las mismas.

Artritis psoriásica (APs):

Se la incluye dentro del grupo de las espondiloartropatías seronegativas. Es una enfermedad inflamatoria articular crónica, progresiva y recidivante, que evoluciona por brotes y que puede llevar a la destrucción articular con incapacidad funcional severa. Genera dolor, hinchazón, calor y dificultad para mover la articulación inflamada, y su forma de presentación más frecuente es la artritis oligoarticular asimétrica. Entre un 6 y un 42 por ciento de la población con psoriasis la padece. En el 75 por ciento de los casos, la psoriasis cutánea precede a la artritis psoriásica, y uno de los posibles indicadores de APs son las lesiones ungueales en pacientes con Ps (en el 50 y el 80 por ciento de los casos). El dermatólogo es quien debe realizar la detección temprana y derivar el paciente al reumatólogo rápidamente para prevenir el daño articular. El diagnóstico se basa en la clínica y en estudios complementarios, y los criterios de Clasificación para la Artritis Psoriásica (CASPAR) tienen una sensibilidad de 91,4 por ciento y una especificidad del 98,7 por ciento.

Obesidad:

Es dos veces más común en pacientes con psoriasis que en la población general, por lo que se observa una relación directa entre el grado de obesidad y la severidad de la Ps. El tejido adiposo funciona no solo como un órgano endócrino sino también como un componente del sistema inmunológico. Las células adiposas secretan moléculas llamadas adipocitoquinas, entre las que se incluyen las adiponectinas, la leptina, la resistina, el inhibidor del activador de plasminógeno tipo 1 (PAI-1), el factor de necrosis tumoral (TNFα) y la interleucina-6 (IL-6), entre otros mediadores de la Ps. Por lo tanto, la obesidad, además de sus serias consecuencias para la salud, como la hipertensión, la enfermedad vascular y la diabetes mellitus tipo II, podría potenciar la psoriasis y facilitar el desarrollo del síndrome metabólico, examinado a continuación.

Síndrome metabólico (SM):

Es definido como la asociación de la obesidad central, la resistencia a la insulina o diabetes (DBT), la hipertensión arterial (HTA) y la dislipemia. Es caracterizado por un estado proinflamatorio y protrombótico. Cada vez existen más referencias de la mayor prevalencia de SM en pacientes con psoriasis, y el primero es un mejor marcador de riesgo de enfermedad cardiovascular que los componentes individuales. La obesidad, especialmente la abdominal, sería el principal factor patogénico del SM, y tanto el SM como la Ps presentan un proceso inflamatorio crónico.

Enfermedad cardiovascular:

Se ha notado una mayor prevalencia de comorbilidad cardiovascular en pacientes con psoriasis, ya que es más frecuente en aquellos con Ps moderada o severa que en la población general. Los primeros tienen más posibilidades de sufrir un infarto de miocardio, y los pacientes con psoriasis, en general, tienen más posibilidades de desarrollar síndrome metabólico y, por lo tanto, otros factores individuales, como la diabetes, la HTA, la obesidad y la dislipemia. Por otro lado, se ha encontrado una asociación significativa entre la HTA y la Ps, ya que el tratamiento de HTA es más difícil en pacientes con psoriasis.

Impacto psicosocial:

En más del 80 por ciento de los pacientes con psoriasis severa, la enfermedad impacta negativamente en su estilo de vida y en su autoestima, ya que la misma afecta las relaciones interpersonales de las personas, lo que obedece al efecto cosmético de la patología. El 30 por ciento de los pacientes presenta cuadros de ansiedad, el 60 por ciento manifiesta distintos grados de depresión y el 10 por ciento piensa en suicidarse. También han sido reportados trastornos de sueño. Se recomienda, entonces, el apoyo psicológico.

Por otro lado, la incidencia de tabaquismo se duplica en pacientes con Ps, y un 75 por ciento admite haber fumado antes del inicio de los síntomas, lo que sugiere una relación causal. La nicotina modifica una amplia gama de funciones inmunológicas e influye negativamente en la salud. Los estudios comprueban que los fumadores severos (quienes consumen más de 20 cigarrillos por día) incrementan al doble su riesgo de padecer una psoriasis severa. Se ha observado, además, una fuerte asociación entre el hábito de fumar y las formas pustulosas de la psoriasis, especialmente en las mujeres. El paciente debe conocer los efectos perjudiciales del tabaco en general y, específicamente, de la Ps.

En cuanto al abuso del alcohol, se presenta en el 18 por ciento de los pacientes con psoriasis, mientras que, en la población general, la cifra es del 2 por ciento. Todavía no es evidente si el abuso del alcohol es un verdadero factor de riesgo o si es simplemente un epifenómeno de la forma cutánea. Algunos estudios sostienen que el etanol y sus metabolitos son factores de activación de la Ps, y por lo tanto agravantes de una Ps preexistente. Para combatir este proceso, pueden ser útiles las terapias de comportamiento y los grupos de soporte. Debido a los efectos tóxicos del alcohol a nivel hepático, su consumo debe evitarse cuando se trata la psoriasis con fármacos potencialmente hepatotóxicos.

Conclusiones

Todos estos factores y sus complejas interrelaciones deben ser considerados por el médico. La psoriasis es una enfermedad sistémica que actúa sobre otros órganos y dispara la posibilidad de que el paciente desarrolle comorbilidades. La asociación con otras enfermedades o comorbilidades repercute en el curso, seguimiento y tratamiento de parte del dermatólogo. Es importante que los pacientes reciban información sobre los potenciales efectos de su enfermedad y de los cuidados que deben aplicarse, para evitar posteriores resultados negativos.

En cada caso, debe contemplarse el abordaje más adecuado, seguro y eficaz desde un punto de vista integral e interdisciplinario, para diagnosticar tempranamente la comorbilidad, prevenirla y tratarla. De esta manera, se puede evitar que los medicamentos utilizados para las enfermedades asociadas interfieran en la psoriasis o viceversa, y así controlar la enfermedad y lograr un mantenimiento a largo plazo. El objetivo, finalmente, es mejorar la calidad de vida del paciente.            

Si desea contactar al profesional, para realizar consultas y profundizar sobre lo expuesto en la nota, envíenos su correo a: info@conceptoestetico.com.ar

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